Guinea Ecuatorial, la historia de una hermana olvidada

El 12 de octubre de 1968, se firmaba la independencia de la colonia española de Guinea Ecuatorial. Terminaban casi 200 años de historia de la colonia menos conocida de España. Atrás quedaban años de explotación del territorio y de presencia española. Descubre su historia

La presencia colonial de España en África Subsahariana se refrendó por los acuerdos para el reparto con Portugal de toda esa franja costera; en el año 1777 en San Ildefonso se firma el Tratado Preliminar de Límites en América Meridional, en el que se fijaba que Portugal cediera a España sus islas Fernando Poo y Annobón, así como la zona continental desde el Cabo Formoso, en la boca del Níger, hasta el de López, en la boca del río Gabón. A cambio se entregaron la isla Santa Catalina y la Colonia de Sacramento a Portugal. Un año más tarde se hizo la ratificación en el Pardo el 11 de marzo, constituyendo el título jurídico de la presencia española en el Golfo de Guinea, entre Carlos III y su sobrina la reina de Portugal.

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A partir de ese momento se suceden expediciones y tratados con otras potencias europeas, aunque la presencia real de España en este pequeño territorio de África, no se evidencia hasta principios del S.XX, en el que la explotación de los recursos se intensifica, como consecuencia de las pérdidas de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Los recursos que extraían los colonos españoles, como café, madera y principalmente cacao, facilitaron la eclosión de una rica élite colonial española, desde la primera década del siglo XX. También junto a ellos, se formaron catequistas nativos, que vivían de las aportaciones eclesiásticas católicas, y de pequeñas explotaciones de cacao. Algunos de ellos consiguieron al igual que los españoles acaparar poder económico, y acabaron constituyendo una pequeña élite económica, con formación que lideraría el movimiento descolonizador que se fraguó durante los años 50. Por el contrario la mayoría de la población, perteneciente a varias etnias, como los fang o los bubi, constituían la mano de obra de las haciendas, con una consideración jurídica tutelada por el Patronato de Indígenas, institución creada a principios de siglo para proteger a los braceros y reformada en 1928 durante la dictadura de Primo de Rivera, para controlar todos los actos jurídicos de la población nativa, reducida a una consideración infantil, que necesitaba el permiso del Patronato para cualquier movimiento que tuviera que realizar.

Durante la República se creó el Instituto Colonial Indígena para extender un sistema educativo elemental, que alcanzara las zonas rurales y secundario, con capacidad para generar nativos que ocuparan puestos de la administración local.

El 19 de septiembre de 1936, en plena Guerra Civil, el coronel Serrano, jefe de la Guardia Colonial, se sublevó contra la República y la isla de Fernando Poo se pasó al bando de los militares sublevados. El 14 de octubre, un buque procedente de Canarias, cargado de soldados y voluntarios armados, ocupó la zona continental. El franquismo se implantaba en el régimen colonial guineano, iniciando un período de españolización intensiva de la población y de adoctrinamiento en los principios del movimiento nacional. Los aspectos económicos no cambiaron sustancialmente con respecto a la gestión anterior republicana, pero sí hubo una intensificación de las misiones católicas, y una lucha entre la población nativa, contra las creencias y costumbres ancestrales, muy presentes en el mundo rural guineano.

De esta ofensiva nacional católica surgieron jefes de distrito, seleccionados de entre los más adeptos al nuevo régimen político y social, que poco a poco irían constituyendo una élite local que lideraría en los años 50 un movimiento reivindicativo de autonomía, junto a otros grupos que habían hecho fortuna en las décadas anteriores y guineanos seleccionados para ampliar estudios medios y superiores en España. Serían los líderes a favor de la emancipación, que ya el propio régimen veía inevitable. Es por ello que debió potenciar la generación de estas élites locales para mantener a Guinea Ecuatorial dentro de la órbita católica y española, ante una posible independencia. El gobierno de Franco pretendió retrasar en la medida de lo posible la independencia provincializando el territorio y otorgando cierto estatuto de gestión autónoma, protegiendo así durante más tiempo los intereses económicos de los hacendados metropolitanos.

En 1959, un grupo de la elite se organizó para denunciar a España por violar los acuerdos de la Carta de San Francisco. Sus dos principales líderes, desaparecieron en octubre de 1959, Enrique Nvo y Acacio Mañé, antiguos catequistas acomodados. Mañé mantenía buenas relaciones con los misioneros, y con las autoridades implicadas en su muerte. El abogado bubi Luis Maho fue otro de los líderes nacionalistas, lo mismo que el también ex catequista fang Bonifacio Ondó. Maestros indígenas, auxiliares administrativos, catequistas, incluso curas nativos, como Alberto Ndongo, llenaron las filas del nuevo nacionalismo guineo ecuatoriano. 

El ministro Fraga firma en nombre de España el acta de la independencia de Guinea

Este movimiento fue creciendo durante los años 60, complicando la imagen exterior que pretendían  conservar los gobiernos de España, tras ser reconocidos internacionalmente. La independencia se antojaba ineludible, y finalmente esta se ratificó el 12 de octubre de 1968, con la firma de Manuel Fraga como representante español, y Francisco Macías como presidente de Guinea Ecuatorial. Este, a partir de ese momento, y a pesar de las intenciones reflejadas en el acuerdo, de proteger los intereses de los españoles residentes en Guinea Ecuatorial, emprendió un camino dictatorial, con una ofensiva anti española, que obligó a salir del país a la mayoría de los españoles, de forma casi precipitada. El relevo de Macías vino de la mano de su sobrino Teodoro Obiang, que le derrotó militarmente, pero que no varió el rumbo dictatorial de Guinea Ecuatorial. Las relaciones diplomáticas y empresariales entre España y Guinea Ecuatorial desde siempre han sido tensas, difíciles y envueltas en una maraña de intereses geoestratégicos internacionales, que han cobrado especial relevancia tras el descubrimiento de grandes reservas petrolíferas, desde el año 1995.

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