La violación de mujeres alemanas después de la Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial tiene su relato construido a la medida de los aliados y de los soviéticos, hasta la caída de la URSS. En ella ambos bloques se presentaban como salvadores ante una Alemania agresora, que provocó millones de muertos tanto en los años previos a la guerra, entre opositores, judíos, y otros colectivos minoritarios, como en la devastadora contienda, que convirtió Europa en un desolado escenario de escombros y miseria. Tras el final de los combates, al pueblo alemán le esperaban unos duros años de prolongación de la barbarie. La transición desde el año 1945 hasta la fundación de las dos Alemanias en 1948 generó desplazamientos forzosos , ejecuciones, saqueos, torturas y todo tipo de crueldades por parte de soviéticos y aliados. Las mujeres sufrieron violaciones sistemáticas, que tuvieron que ocultar los años posteriores, para no distorsionar el relato oficial. En los últimos años se han abierto investigaciones tras la decidida iniciativa de algunas supervivientes de contar sus experiencias de forma abierta. 

  

La historiadora alemana Miriam Gebhardt dedicó su ensayo “Cuando llegaron los soldados” a describir el terrible momento que vivió el pueblo alemán tras la rendición del III Reich, aportando nuevos puntos de vista, como las violaciones sistemáticas que cometieron los soldados aliados. Ha estimado un millón de mujeres violadas y son muchos los testimonios que recoge y que coinciden en la forma de operar. Tras la toma de un pueblo, las tropas procedían a inspeccionar casa por casa para detectar armas o combatientes. Posteriormente comenzaban el saqueo de objetos de valor y la violación de muchas niñas y mujeres. “No solo violaron a las mujeres alemanas los soldados del ejército rojo tras el final de la guerra. También violaron los soldados americanos, franceses e ingleses” M.Gebhardt sostiene que son más conocidas las violaciones de los soldados soviéticos, pero que a la dificultad de las víctimas para aflorar públicamente momentos tan traumáticos,  que les supone rubor, se une la cortina de silencio que se impuso para no herir a los aliados. 

El crimen de guerra del que nadie habla

Con Hitler enterrado, el nacionalsocialismo desmantelado y el ejército alemán rendido, siguieron produciéndose cientos de miles de agresiones contra el pueblo alemán, silenciadas y relegadas a un rincón de la Historia, en el que durante años fue impensable hablar sobre ellas. Todos los esfuerzos estaban volcados en la reconstrucción y en el reconocimiento de las víctimas del nacionalsocialismo y del ejército alemán. A ello se sumaba una lealtad política de la República Federal de Alemania con los aliados occidentales, y de la República Democrática Alemana con la URSS. 

El interés por este momento oscuro ha conseguido que valiosas fuentes que investigan historiadoras como Gebhardt o el británico Beevor, consigan iluminar este proceso histórico de tránsito entre la guerra mundial y la formación de los dos estados alemanes. Durante esos años la miseria, los escombros y la tristeza formaban parte del paisaje de Europa, que también empezaba a poner los ojos en la reconstrucción. Los humanos tenemos la capacidad de adaptarnos a situaciones traumáticas, pero también de adaptar el entorno para variar el devenir de la vida, aunque este momento pareció retrasarse prolongando el sufrimiento.

Las zonas ocupadas se llenaron de burdeles

A pesar de la prohibición a los soldados del ejército rojo de portar diarios consigo, alguno se ha hecho público como el del teniente Vladimir Gelfand, de origen ucraniano, donde describe violaciones masivas a manos de una parte de los soldados soviéticos que ocuparon Berlín en 1945. Narra con gran honestidad las atrocidades que se cometían en la guerra desde 1941 “Las gatas alemanas que capturábamos decían que estaban vengando a sus maridos muertos, debemos destruirlas sin misericordia. Nuestros soldados sugieren apuñalarlas en sus genitales, pero yo solo las ejecutaría”.

También en 1959 se publicó de forma anónima el diario Una mujer en Berlín donde describe situaciones de abusos y violaciones a mujeres alemanas por soldados soviéticos. La película “Anónima” del año 2008 y dirigida por Max Färberbök supone una adaptación de “Una mujer en Berlín”.

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La violencia sexual es un patrón que se repite en muchos conflictos desde la antigüedad hasta el presente. Es un método de guerra deliberado y planeado que busca humillar, degradar y destruir el tejido social del ‘enemigo’ y que afecta a mujeres, hombres, niñas y niños. Pero son las primeras, las mayores víctimas de esta práctica al ser consideradas transmisoras de vida y cultura, su supervivencia supone la supervivencia cultural o étnica de los vencidos. A esta explicación antropológica se suma una propaganda de venganza, y una imagen denigrante de las mujeres alemanas en la prensa del momento y entre las tropas. La crudeza del periodo estaría además incentivada por una inclinación al consumo de drogas, alcohol y también en el caso del ejército ruso, a su arraigo cultural a sociedades patriarcales, proclives a reparar los daños causados por enemigos mediante la violación a mujeres, aunque el ejército aliado siguió el mismo patrón.

En cuanto a las cifras, diversas investigaciones, como la de la historiadora M. Gebhardt, el criminólogo estadounidense J. Robert Lilly o Marc Hillel estiman cerca de un millón de violaciones, la mitad de ellas habrían sido cometidas por las tropas aliadas y la otra mitad por las tropas rusas, basándose en documentos de denuncias a soldados estadounidenses, franceses e ingleses, testimonios directos y registros de nacimientos de niños en Berlín, donde la historiadora neoyorquina Atina Grossman ha evaluado que habría nacido un niño de cada cien violaciones. 

Los soldados soviéticos distribuyeron comida entre los berlineses.

Detrás de cada una de esas mujeres alemanas que trataban de sobrevivir tras la capitulación, existen historias traumáticas, cuyos registros deberían contribuir a la construcción de un patrimonio memorístico completo. La publicación del diario anónimo en 1959 y más recientemente la adaptación cinematográfica del mismo, estrenada en 2008, ha facilitado que algunas víctimas ya ancianas decidan contar sus trágicas experiencias en la recta final de sus vidas, como Ingeborg Bullert que detalló como la violaron dos soldados soviéticos en el refugio, y que nunca se había atrevido a contar, incluso su madre hablaba de cómo su hija había escapado de las violaciones. La enfermera Rachel sentía arrepentimiento por haber decidido ser enfermera en los refugios de Berlín las semanas previas a la capitulación de mayo de 1945, pero también el impulso de ayudar a sus vecinos en esos duros últimos días de guerra. 

Jóvenes de las juventudes hitlerianas, ancianos y muchachos alemanes fueron obligados a engrosar las filas para defender las últimas posiciones. Muchos de ellos murieron en los bombardeos y asaltos, otros muchos ejecutados y algunos hechos prisioneros los días previos a la rendición de la Alemania nazi. Tras aplastar los últimos rescoldos de resistencia, comenzaban los saqueos de los escasos edificios que resistían en pie, la inspección de los refugios y la detención y fusilamiento de personas en ellos escondidos. Rachel aterrada y sin apenas descanso atendiendo los cientos de heridos del centro de Berlín, tuvo que aguantar la masacre y la violación de todas las mujeres por parte de algunos soldados soviéticos que tomaron Berlín. 

La autora de “Una mujer en Berlín” describe sus propias experiencias y percepciones del momento, contando entre otros muchos episodios, como las personas corrían hacia el refugio y entre las que observó a un joven con pantalones y gafas que en realidad era una mujer, o a tres hermanas que se mantenían abrazadas mientras afirmaban bromeando que sería mejor un ruso encima que una bomba americana en la cabeza. Cuando llegaron los soviéticos, los vecinos del refugio pidieron a la autora, que sabía ruso, que hablaran con el oficial, que se limitó a encogerse de hombros. Fue violada de forma brutal mientras los vecinos permanecían en el interior del refugio, cuando salieron la encontraron destrozada gritándoles “¡Cerdos, dejaron que me violaran dos veces seguidas y me dejaron ahí tirada como si fuera basura!” como detalla en el diario. Otro de los testimonios hechos públicos fue el de Elfriede Seltenheim, que fue arrancada de su familia con 14 años y trasladada a unos barracones del ejército estadounidense, donde durante un mes fue violada a diario por los soldados. “ algo quedó muerto en mi” “ perdí la sonrisa para siempre. Después perdí las lágrimas. Y le voy a decir una cosa: se puede vivir sin sonreir, pero no se puede vivir sin llorar” son frases que ha pronunciado en alguna entrevista y que demuestran las graves consecuencias psicológicas de las supervivientes de estas experiencias traumáticas. 

Los berlineses tuvieron roces con los soldados que los liberaron de los nazis.

El historiador ruso Oleg Budnitsky, afirma que la prohibición de las violaciones en el ejército soviético fue ignorada de forma abierta, y que dependería de la permisividad de los mandos o de la voluntad de los propios soldados. Una estrategia de supervivencia a las violaciones por parte de las mujeres alemanas fue la búsqueda de un “lobo” soldado protector que, a cambio de mantener relaciones, evitarían violaciones masivas y conseguirían algún alimento. «De ninguna manera puedo decir que me violara. ¿Lo hago por tabaco, azúcar, mantequilla, velas y carne en lata? Hasta cierto punto estoy segura. Además, mientras menos quiere de mí, más me gusta como persona». La publicación del diario en 1959 se vio envuelto en una gran polémica moralista, por la reputación negativa que imputaba a las mujeres alemanas, aunque supuso el primer desafío al silencio.

Rusia en la actualidad mantiene clasificada numerosa documentación, e incluso ha legislado contra cualquiera que publique información que pudiera ser denigrante contra la reputación de la actuación soviética en la II Guerra Mundial. Tampoco el lado aliado tiene a disposición de investigadores información suficiente, más bien es poca y muy sesgada, denuncias por violaciones de algunos soldados, y las condenas que recibían por los tribunales militares, la mayoría a soldados negros. De todo ello se puede extraer la conclusión que en la actualidad siguen existiendo muchos recelos por la posibilidad de desmontar un relato construido tanto por aliados como soviéticos, como salvadores de Europa del nacismo. Esta lucha por la hegemonía histórica se mantiene como herencia de los años de la guerra fría y mantiene cierta vigencia en la actualidad, perjudicando la construcción de un relato completo sobre la gestión tras la caída del nacionalsocialismo por su derrota en la II Guerra Mundial.

Imagen en blanco y negro de un hombre con uniforme militar

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Cent- Velden, maestra e histórica militante de la socialdemocracia alemana ha dedicado esfuerzos a contar y recopilar historias, animando a luchar contra el olvido “soy una detractora fanática de la guerra. Siempre pelearé para que lo que pasó en tiempos de Hitler no vuelva a suceder. En Alemania tenemos paz desde hace 75 años y eso es sobre todo gracias a Europa, a la Unión Europea. No debemos olvidarlo” Es una de las voces más reconocidas que ha hablado abiertamente de las violaciones a mujeres alemanas por parte de los vencedores. Sufrieron la condición de formar parte del país que inició la guerra, y el que la perdió, lo que favoreció que se cometieran todo tipo de atrocidades contra las mujeres alemanas, con Hitler ya bajo tierra. 

Este periodo transitorio entre la II Guerra Mundial y la fundación de las dos alemanias, condujo a una parte importante de las mujeres al suicidio, al no poder resistir más y ver como el alivio por el fin de los combates en mayo de 1945, se convirtió en una prolongación del sufrimiento. 

El historiador Florian Huber trata este asunto en el libro “Hijo, prométeme que te vas a disparar”

Kind, versprich mir, dass du dich erschießt″ - Bestseller jetzt auf  Englisch | Bücher | DW | 04.07.2019

Portada del libro «Hijo, prométeme que te vas a disparar»

Pero también supuso una aptitud decidida por sobrevivir en otra parte importante de la sociedad, con el protagonismo de las mujeres alemanas, que se encargaron de gran parte de la reconstrucción inicial, tanto material como psicológica y cotidiana. Marita Kraus es historiadora y ha estudiado esta decidida apuesta por la supervivencia de otra gran parte de las mujeres alemanas, que buscaron la forma de conseguir comida, hierbas, plantas, patatas y cualquier elemento silvestre que pudiera paliar el hambre. Además inventaron redes para compartir ideas que otorgaran cierta normalidad a la brutalidad en la que se habían visto inmersas por parte de los vencedores. Poco a poco iban asumiendo más responsabilidades en las empresas que comenzaban a levantar el vuelo, gestión pública o redes solidarias, ante la ausencia de hombres. 

A pesar de los testimonios recogidos de las víctimas y los estudios llevados a cabo por historiadoras como M. Gebhardt y otros trabajos que están siendo publicados, la memoria histórica corre un serio peligro de permanecer incompleta, olvidando lo que estos años supusieron para el pueblo alemán la prolongando el sufrimiento que partió en el ascenso al poder de los nazis, pero que no concluyó con la capitulación de sus estructuras militares y políticas. La recuperación del patrimonio memorístico de los cientos de miles de mujeres que sufrieron la barbarie al finalizar el conflicto, se antoja un camino lleno de obstáculos, el primero la muerte natural de toda esta generación de mujeres, que con su arrojo y ganas de vivir por encima de todo, iniciaron la reconstrucción de una sociedad totalmente destrozada y con ellas sus valiosos recuerdos, su legado, necesario para evitar que las sociedades actuales caigan en la tentación de la pasividad ante la intolerancia.

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