El “gato Insumergible” Sam y el navio USS Porter, el destructor  “gafe”

¿Existe la buena o mala suerte?. Si nos referimos al ambiente marino,  seguro que muchos serán partidarios de su existencia. Sin tomar partido  por ninguna opinión, mostramos dos casos, en que sus protagonistas son  un gato, Sam (antes Klaus y Oscar) que sobrevivió a tres naufragios (el  primero del acorazado alemán Bismarck), y el sin duda más desafortunado  buque de toda la Segunda Guerra Mundial, el USS Porter, que casi consigue  hundir un acorazado, el Iowa, con el presidente Roosevelt de pasajero.

  

Tiempo de lectura: 5 minutos

Las creencias y supersticiones de la gente del mar son visibles desde los inicios  de la navegación. Las oscuras profundidades y la inmensidad de los mares han  sido lugar idóneo para que los marineros tejan un gran número de leyendas,  mitos, rituales, creencias y supersticiones, que han trascendido durante los  siglos y generaciones de navegantes, en las que los monstruos y las sirenas han  sido protagonistas y han guiado a los marinos en su día a día, en un ambiente  hostil e incontrolable. El día de la partida ha de ser el correcto (en martes ni te  cases ni te embarques, ni los viernes, ni la Candelaria); prohibido silbar (se  desatan las tempestades); la presencia a bordo de mujeres y religiosos es  nefasta y enfada los elementos; no cambiar el nombre del buque o que no se  refiera a la meteorología; la presencia de paraguas a bordo (también provoca  tempestades) etc, son una pequeña muestra de las supersticiones marineras.  También hay circunstancias que traen buena suerte a los hombres de mar, como  algunas aves marinas (son la reencarnación de los marineros muertos en el mar);  amuletos, y talismanes como cruces y tatuajes, así como la presencia de  algunos animales, como los gatos, con la función de cazador de roedores,  apreciada por los marinos desde siempre. El trabajo de los felinos, contribuía a  la higiene y también al mantenimiento de cordajes y otros objetos necesarios  para la navegación.  

Veremos dos casos de mala o buena suerte, como se mire y para quien se mire, de una mascota, un gato, y de un barco, un destructor, ambos durante la  Segunda Guerra Mundial. El cómo se valoren los hechos relatados queda al  albur de cada cual. 

El gato insumergible Sam fue saludado por Churchill

Nuestro primer relato tiene como protagonista un gato, de nombre Oscar, o Sam,  de pelo negro y blanco. En mayo de 1941 se encontraba a bordo del acorazado  alemán Bismarck, como mascota de un marinero que lo había adoptado al ser  encontrado vagando por el puerto, por aguas atlánticas con el objetivo de  participar en el bloqueo que la Kriegsmarine efectuaba a las islas Británicas. El  Bismarck se convirtió en objetivo prioritario para Royal Navy, que lo acosó desde  su salida a alta mar, y si bien se defendió de forma enconada (hundió al Hood

Su destino estaba sellado por la implacable persecución de la flota inglesa, y  finalmente fue hundido. Entre los escasos supervivientes (159 de una tripulación  de 2200) se encontraba un gato, que fue salvado, adoptado y bautizado como  Oscar (según las fuentes el gato se llamaba Klaus por sus propietarios  alemanes) por sus rescatadores ingleses del destructor HMS Cossak, formando  parte de la tripulación de este buque durante 5 meses, puesto que el 23 de  octubre de 1941, fue hundido en las cercanías de Gibraltar por un torpedo  lanzado desde el U-563. A pesar de las numerosas bajas (160 muertos) el gato  Oscar sobrevivió, se le trasladó al portaaviones HMS Ark Royal, que  irónicamente era el buque desde el que partieron los aviones que dieron el golpe  de gracia al Bismarck. En esta ocasión fue rebautizado como Sam. También en  las cercanías de Gibraltar, el portaaviones fue hundido el Ark Royal, salvándose  la práctica totalidad de la tripulación y Sam, que se mantenía a flote en una tabla.  El apodado como Sam el Insumergible tuvo como destino dos navíos más, que  también serían hundidos durante la guerra, aunque ya sin su presencia. El último  tramo de su vida, hasta 1955, lo pasó en Gibraltar y en Belfast, donde fallece en  una residencia de marino. Si bien nos congratulamos de la suerte gatuna, sin  duda, buque en el que entraba Sam, tenía su destino asegurado en el fondo  marino. 

HMS Ark Royal

El caso del USS Porter es diferente por parecer que su presencia incomodaba a Poseidón, y fuera el navío, fuera la tripulación, o su capitán, o todo un conjunto  de incompetencias, tiene el lamentable honor de ser el barco maldito por  excelencia de la Segunda Guerra Mundial. Y es que desde el primer momento  de su primera misión, empezaron los problemas. El destructor DD-579, de la  clase Fletcher se le bautizó como USS William D. Porter, en recuerdo del  comodoro del mismo nombre participante en la Guerra Civil, que era, a la sazón,  hijo del conocido marino David Porter. Conocido por la marinería como Willie  Dee, el buque recibió, después de la puesta en servicio y las prácticas de  combate, la orden de acudir a la desembocadura del río Potomac, desde su base  de Norfolk, donde debería encontrarse con otros navíos (en total 6: un  acorazado, dos portaaviones ligeros y tres destructores). Su primera misión, al  mando del capitán Wilfrerd Walter, consistía en formar parte de la escolta al  presidente Roosevelt, embarcado en el majestuoso acorazado Iowa, en su viaje  a través del Atlántico en noviembre de 1943, para reunirse con Stalin y Churchill,  rumbo a la Conferencia de Teherán. Era, por tanto, una misión secreta y de alta  responsabilidad. 

Desde el primer momento, las cosas empezaron a salir mal. Anclado en puerto,  cuando desatracaba, el marinero responsable (o irresponsable), no levó  completamente el ancla, y ésta quedó enganchada en el destructor amarrado junto a él, que sufrió desperfectos. Primera maniobra fallida y mal presagio para  los marineros supersticiosos. Cuando el convoy del que forma parte el Porter se  hace a la mar, dado el secretismo de la misión, se ordena silencio total de radios,  y las comunicaciones entre navíos se realizan mediante señales.  

Acorazado Iowa

La travesía, apacible en un principio, se truncó de repente al haber una fuerte  explosión submarina, que levantó el agua, y puso a todos en guardia, al no  saberse su procedencia y creyendo estar ante la presencia de un submarino no  detectado. Todo el convoy se dispuso en zafarrancho de combate y se realizaron  maniobras evasivas. La realidad era más sencilla: una carga de profundidad del  Porter, mal sujeta y cargada, cayó al agua y explotó. Suponemos que a estas  alturas el capitán debió de tener un ataque de nervios ante las explicaciones que  debía dar al Iowa por los sucesos que ya se habían producido. Pero lo más grave  estaba por llegar. Durante una tormenta, un fuerte golpe de mar lanzó a un marinero al agua, y la sala de máquinas sufrió una inundación que  momentáneamente provocaron un retraso de nuestro buque. Como fuere, el  Porter rompe el silencio de radio y comunica su situación al Iowa, que le  amonesta por ello. Dos días después, el Iowa realizó un ejercicio de defensa  antiaérea para mostrar sus defensas al presidente Roosevelt. Se lanzaron  globos como objetivo que fueron derribados, y algunos se acercaron al Porter, quien a su vez los derribó. Pero aquí aconteció el suceso que podía tener  consecuencias catastróficas. El Porter realizó entonces maniobras de simulacro  de combate, y de lanzamiento de torpedos. Así, y apuntando al Iowa en el que  el presidente era pasajero, tomado como objetivo, se efectuaron los  correspondientes simulacros en los que los tubos no eran, por supuesto, disparados,… el uno y el dos no salieron, pero el tres , sí, en dirección al Iowa.

Willie Dee, el buque más desafortunado de la USS Navy

En el Porter, cuando se advirtió el percance, se intentó comunicar con el Iowa  con señales, dado que el capitán, que había recibido una reprimenda por romper  el silencio radiofónico, pero el nervioso responsable de las señales envió un  mensaje equivocado, con lo que el capitán Walter, presa del pánico, rompe  nuevamente el silencio por radio para comunicar al Iowa que un torpedo está  dirigiéndose a él, que ya había sido detectado por los vigías del acorazado. En  este momento y para esquivar el torpedo, el Iowa hace una brusca maniobra en  la que el presidente en su silla de ruedas está a punto de ser lanzado al mar. El  torpedo explotó a pocos centenares de metros de la popa del acorazado, siendo  el propio presidente testigo desde la cubierta. Ante este suceso, el almirante  King, al mando de la misión, ordenó a su acorazado y al resto del convoy apuntar sus armas al Porter al considerar la posibilidad de estar ante un intento de  asesinato del presidente. Tras estos lamentables despropósitos y las tristes  explicaciones del capitán Walter, el Porter recibió la humillante orden de retirarse  de la escolta del presidente, y dirigirse a las Bermudas, donde toda la tripulación  fue arrestada, y sometida a investigación y consejo de guerra, saliendo a la luz  las inexperiencias de la marinería. El marinero Lawson, responsable de la salida  del torpedo fue condenado a 14 años de trabajos forzados, siendo indultado por  el presidente. A partir de este momento las bromas y sarcasmos de toda la  Marina fue crueles con el Porter, al que se consideró gafe por los supersticiosos  marinos, y al que todos evitaban.  

Retirado el Porter de los frentes principales, se le “desterró” y asignaron misiones  en las islas Aleutianas y Alaska, donde transcurrieron meses sin incidentes  dignos de mención, hasta que nuevamente ocurrió un nuevo desastre. En la base  de la Aleutianas, amarrado el buque, un marinero regresó de un permiso algo  perjudicado por el alcohol, y tiró por tierra en un momento todos los esfuerzos  que la tripulación había hecho para mejorar su imagen. El marinero en cuestión  tuvo la ocurrencia de disparar un cañón, y apuntase o no, el proyectil impactó en  el jardín del comandante de la base en tierra, en la que en ese momento se  estaba celebrando una fiesta con asistencia de los oficiales y sus esposas. La  buena suerte fue que no hirió a nadie.  

Nadie quería prestar servicio en nuestro desafortunado buque, y a él se  destinaban marineros como castigo. El desafortunado comandante Walter fue  destituido y relevado en mayo de 1944, por el comandante Keyes, que sometió  a la tripulación a duros entrenamientos. Acercándose el final de la guerra, el  Porter fue destinado a participar, en 1944, en Filipinas, y en 1945, en Okinawa,  derribando al menos una decena de aviones enemigos y participando como  escolta antisubmarina, y por supuesto, un nuevo incidente patético ocurrió  cuando involuntariamente disparó sus armas contra el destructor USS Luce durante un ataque aéreo. El epílogo de su existencia fue una serie de  actuaciones a la altura de su inefable existencia. Durante la batalla de Okinawa  derribó, además de algunos aviones enemigos, tres americanos…Y el  hundimiento que sufrió parece sacado de una película cómica. El 10 de junio de  1945, un kamikace enfiló al Porter, y sus defensas aéreas respondieron a la  perfección, derribaron al avión enemigo y este se sumergió en el mar continuando su trayecto hasta situarse justo debajo del buque, y explotó en ese  momento, levantando al Porter del agua y provocando su hundimiento en  cuestión de pocas horas pese a los esfuerzos de los tripulantes. Fue un final a la  altura de su no muy dilatada existencia, de la que podemos extraer como hecho positivo, que la única víctima mortal fue el marinero que el mar le arrebató en su  fracasada misión de escolta al presidente. 

Para leer más sobre el tema, te recomendamos este libro:

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