El acuerdo secreto entre Mussolini y Primo de Rivera para el control del Mediterráneo

En 1904, Francia y Gran Bretaña firmaban la Entente Cordiale. Se iniciaba un periodo de colaboración entre ambas potencias que sería hegemónica en el Mediterráneo, marginando a otros países como España e Italia, que debían aceptarlo. Esto creó una situación de descontento que, sobre todo tras la llegada de Mussolini, se concretó en negociaciones para un tratado de colaboración que alterara el status quo. Te lo contamos

Tiempo de lectura: 10 minutos

La situación de España en la primera mitad del siglo XX era claramente de una potencia secundaria en el mejor de los casos, cuyo único ámbito de acción exterior debía ser necesariamente el norte de África, una vez perdidas sus posesiones ultramarinas en 1898. Una “nación moribunda”, como dijo el primer ministro Salisbury en 1898, en contraposición a las “living nations”. 

Alegoría-de-la-firma-de-la-Entente-Cordiale
Alegoria de la firma de la Entente Cordiale

Más aún, tras la firma de la Entente Cordiale entre Francia y Gran Bretaña, quedaba claro que la hegemonía en el Mediterráneo era de ambos países, dejando en un papel subordinado a otros países como España e Italia. En este sentido, la otorgación a España del Protectorado español que de forma oficial se estableció en 1912, no sería fruto de la importancia dada a éste país, sino de la voluntad de Gran Bretaña de no tener una potencia como Francia al otro lado del Estrecho de Gibraltar, demasiado cerca de Gibraltar. Aunque Francia no estaba dispuesta a dar ese terreno a Gran Bretaña. La decisión adoptada fue otorgárselo a España, una potencia menor, con la condición de no alterar el Status Quo. La prueba de la subordinación de España es que entre la concesión del territorio en 1905 hasta la constitución del Protectorado en 1912, el territorio sufrió varios recortes, el más doloroso de todos, fue el desgajar del mismo Tánger y su hinterland, otorgándole un estatuto internacional 

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Firma del Tratado por el que se constituye el Protectorado español de Marruecos en 1912

Sin embargo, la amistad de España era algo deseado por las potencias en base, no a su poder militar o económico, sino a su posición estratégica en la puerta del Mediterráneo, así como a sus posesiones extrapeninsulares, sobre todo las Baleares y los enclaves de la costa africana. Así, entendemos la actitud francesa de acercamiento sobre una base de superioridad, que veremos. Como dice Susana Sueiro, los dos factores que se mantienen constantes a lo largo de estos años, son la valoración de España por su situación estratégica, y su posición de subordinación. 

Y en esta situación, es comprensible que pudieran darse las circunstancias para un acercamiento entre España e Italia, en busca de una mejor situación en el ámbito mediterráneo. Los contactos entre España e Italia son anteriores a la llegada de Primo de Rivera y Mussolini. Ya durante la 1ª Guerra Mundial, había habido conversaciones entre Eduardo Dato y Romanones con Sonnino, el ministro de asuntos exteriores italiano. Y aunque éstas, no desembocaron en un acuerdo, no se cerraron, y ya en 1921, el embajador francés en Madrid, Defrance, reconocía la existencia de un sentimiento de antipatía hacia Francia en la prensa española, que defendía la necesidad de un acuerdo con Italia

El-Conde-de-Romanones-con-Alfonso-XIII
El conde de Romanones con Alfonso XIII

Sin embargo, es con la llegada de Mussolini al gobierno italiano, cuando se aceleran las conversaciones, que desembocará en la organización por parte de Santiago Alba, el ministro de Estado del último gobierno de la restauración antes del golpe de Estado, de un viaje de Alfonso XIII a Roma. 

La colaboración entre España e Italia tenía puntos a favor pero también puntos en contra. A favor los ya nombrado de la confluencia de intereses para alterar el status quo del Mediterráneo a su favor, pero en contra, la existencia de unas economías poco complementarias al tener un sector primario muy importante ambas, además de la situación económica y militar española poco favorable para aventuras importantes.

Mussolini
Mussolini

Visita de Alfonso XIII a la Italia de Mussolini 

En noviembre de 1923, solo 3 meses después del golpe de Estado de Primo de Rivera, los reyes, acompañados del dictador, viajan a Roma. El viaje despierta muchas expectativas por ambas partes. Para Mussolini, supone la posibilidad de atraerse a España en un momento en que sus relaciones con Francia pasan por un momento de tensión, al mismo tiempo que espera que Alfonso XIII le ayude a mejorar su relación con el Vaticano. Para Primo de Rivera supone mejorar la imagen exterior e interior de su nuevo régimen, asociándolo al italiano en su mismo camino de grandeza y regeneración. Y para ambos, una posibilidad de mejorar su posición en el Mediterraneo. Así lo ve la prensa de ambos países, que se afanan en dar énfasis a la importancia de la visita.

Doble-página-de-La-Esfera-publicada-el-1-de-diciembre-de-1923-con-fotografías-del-viaje-de-Alfonso-XIII-a-Roma-realizadas-por-Campúa-y-Ortiz
Doble página de La Esfera publicada el 1 de diciembre de 1923 con fotografías del viaje de Alfonso XIII a Roma realizadas por Campúa y Ortiz. Foto: https://campuafotografo.es

Sin embargo, en las embajadas francesas de España e Italia, el temor es moderado. En ambos casos, los embajadores escriben a París indicando que el boato dado a la visita parece más en el orden de la imagen externa de aparentar que son regímenes dispuestos a una política exterior de gran envergadura que en la realización de acciones que lleven en esa dirección. Como decía el encargado de negocios de la embajada francesa en Madrid, Corbin, “el deseo que este país podría tener de ocupar un puesto más importante en las cuestiones mediterráneas se subordinará siempre a la preocupación por proteger su neutralidad”.

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Charles Corbin con suy mujer en una cena benéfica en Madrid en 1931. Foto: ABC 

Aun así, parece clara la actitud antifrancesa de ésta visita. Incluso en algunos ámbitos franceses se ve con preocupación el posible acercamiento hispano-italiano, y el diputado-alcalde de Constantina (Argelia), llega publicar un artículo titulado “El peligro italo-español”, reclamando un aumento de fondos para un plan de construcción de submarinos y barcos que pudieran hacer frente a una guerra contra los aliados hispano-italianos. No obstante, Pointcaré, el presidente francés, a la luz de los informes que le llegan de Madrid y Roma, no considera creíble la posible firma de un acuerdo secreto militar entre España e Italia, y que además, las declaraciones del dictador y del rey en Italia, siempre tratan sobre temas secundarios que no puedan despertar suspicacias en Francia

Retorno a España 

Ya desde antes del retorno de los reyes y el dictador a España, parece claro que las expectativas de un acercamiento entre España e Italia, se han ido desdibujando conforme la realidad se ha ido imponiendo. La prensa española, posiblemente a instancias del gobierno en base a la censura impuesta, empieza a referirse menos a Francia y cuando lo hace es para afirmar la necesidad de incluir a esta en un “bloque latino”. Y sobre todo, las mismas declaraciones del dictador al volver a España, quien al entrevistarse con el embajador francés en Madrid le indica que “quiero que mis primeras palabras sean para darle la seguridad de que, a pesar de lo que hayan podido publicar ciertos periódicos, nada se ha hecho ni se ha dicho durante la visita del rey a Italia de lo que Francia pueda tener el menor recelo”, al mismo tiempo que el embajador de España en París, realizaba declaraciones en el mismo sentido al entonces director de Asuntos Políticos de Francia, Peretti. Este cambio de actitud no pasa desapercibido para el embajador de Italia en Madrid, quien escribe a Roma informando de ésto. 

Raymond-Pointcaré-presidente-de-Francia 
Raymond Pointcaré, presidente de Francia 

No obstante, el miedo a un entendimiento hispano-italiano no desaparece. A esto ayuda la propagación de supuestos informes sobre tratados secretos entre España e Italia, así como el descontento en España ante la resolución desfavorable hacia España de la conferencia hispano-francesa de 1923 sobre el conflicto de Tánger. Aunque se confirma que los informes son falsos, sí que parece cierto que Mussolini sigue presionando a España para atraerla hacia un acuerdo, al que de momento, Primo de Rivera sigue negándose. 

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