La aventura de los 8.000 españoles emigrantes olvidados de Hawai

Entre 1900 y 1913, unos 8.000 españoles emigraron en varios barcos a Hawai. Les esperaba una oferta de trabajo y vida en el paraíso del Pacífico. Asistencia médica y vivienda gratis, y sobre todo, escapar de la pobreza de su país. Pero la aventura no fue como ellos esperaban y la mayoría acabó en California.

Tiempo de lectura: 10 minutos

Las islas Hawai son un paraíso situado en medio del Océano Pacífico. Su tamaño no es muy grande, más o menos como la provincia de Cuenca (16.705 km) y su clima es perfecto no sólo para tener una vida paradisíaca (entre 30º y 12º durante todo el año), sino que son un lugar perfecto para cultivos como el de la caña de azúcar. Y de eso se dieron cuenta los norteamericanos, que a lo largo del siglo XIX fueron extendiendo más y más sus tentáculos, tanto a nivel político como económico, con el desarrollo de la economía de plantación.

Hawai
Hawai se prometía como un paraiso. Foto: http://www.aarp.org

Y así, en 1860, la población era de unos 67.000 habitantes, siendo 64.000 hawaianos y 3.000 extranjeros, mientras que para 1914, la población era de unos 200.000 habitantes, siendo los hawaianos algo menos de 30.000. Eso da una idea de la inmigración que produjo la expansión económica de las islas, ligada a las plantaciones. El problema era el origen de esa inmigración. La inmensa mayoría fue asiática, y sobre todo japonesa (entre 1865 y 1914, el 61,89% de la inmigración fue japonesa). Y este aumento constante de la población asiática fue creando un sentimiento de “xenofobia” hacia esta población entre la población hawaiana y entre las autoridades norteamericanas una vez tomado el control. Por ello, se dispusieron a tomar medidas para atraer a población blanca europea.

Guerreros-hawaianos-hacia-1860
Guerreros Hawaianos hacia 1860. Foto: http://www.pinterest.es

Board Immigration of Hawaii

En las islas, la poderosa Asociación de Plantadores de Caña (Sugar Planters Association), necesitaba importar personal europeo blanco que supiese trabajar en el sector de la caña, por ello se puso en contacto con el Consejo de Inmigración de Hawai (Board Immigration of Hawaii) para lograr atraer a esas personas. Éste consejo, contrató a una compañía londinense, quien inició una campaña de publicidad que distribuyó sobre todo por Andalucía numerosos folletos donde explicaba las ventajas de ese viaje y de vivir en Hawai. No solo en Andalucía, donde sobre todo en Málaga ya había tradición de cultivo de la caña de azúcar, sino en otros lugares de España como en Galicia (de donde salió el primer contingente de 300 españoles hacia las islas en 1900), sino que los ojos de los plantadores de las islas también se fijaron en otros lugares como Portugal y las Azores, o Puerto Rico.

Folleto-de-publicidad-sobre-el-viaje-a Hawai
Folleto de publicidad. Foto: http://www.inclusion.gob.es

Así las cosas, para 1907, la campaña de recluta se incrementó, y la Sugar Planters Association, tenía ya agentes trabajando en Málaga. A los trabajadores se les ofrecía una cabaña con dos dormitorios, cocina y salón. Pero no solo eso, sino educación y sanidad gratuita y libertad para trabajar en lo que quisieran. Se olvidaron de decir las cosas negativas…

Veamos la otra cara de la moneda. Para empezar el mismo preparativo del viaje. Los barcos, cuyo trayecto era pagado por la Sugar Planters, partían de Gibraltar. Pero generalmente, los agentes que organizaban los viajes, esperaban a tener el flete lleno antes de partir, lo que hacía que numerosos “personajes”, pudieran acercarse a los emigrantes con promesas de trato preferencial en el viaje, o de quedarse a cargo de enviar al resto de sus familiares en otro viaje cuando el lo indicara. Casi siempre era sólo una manera de sacar dinero a los pobres inocentes que picaban. Pero aquí no acababa el calvario. El viaje era un infierno. Durante el, la comida y el resto de productos, eran vendidos a precio de oro, y era habitual que las enfermedades se transmitieran por doquier. En el viaje de 1913, 27 personas murieron, y 50 llegaron enfermas.

Portada-del-ABC
Portada del ABC del 11 de marzo de 1907. Foto: http://www.abc.es

Al llegar a Honolulu, los viajeros eran llevados una estancia donde debían pasar una cuarentena, donde, algunos de los que debido a la dureza del viaje habían contraído enfermedades crónicas y estaba demasiado débiles, eran repatriados a España (donde en muchos casos no les esperaba nada puesto que habían vendido todas sus posesiones para embarcarse en la aventura). Los que pasaban todas las fases, podían decidir si ser distribuidos por las plantaciones o quedarse en Honolulu a trabajar en alguna profesión (pero dado que la mayoría no hablaba nada de español, lo normal era elegir las plantaciones).

Españoles-llegados-a-Hawai-en-1907
Emigrantes españoles llegados a Hawai en 1907. Foto: http://www.wikiwand.com

La vida en las plantaciones de azúcar

En las plantaciones el trabajo es duro. Suelen trabajar unas 10 horas al día en brigadas de unos 50 hombres bajo la vigilancia de un capataz. El capataz es duro y exige que el trabajo sea constante sin distracciones. Su origen suele ser portugués o puertorrioqueño (sólo hubo uno español) y cuando años después se hizo una encuesta entre los trabajadores, la mayoría recordó la figura del capataz como especialmente dura y mal recordada. Si un trabajador se sentía enfermo o no se encontraba bien, se iba a su casa, pero sólo cobraba por las horas trabajadas. No tenían vacaciones, y algunos meses trabajaban todos los días.

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Plantación hawaiana sobre el 1900. Foto: jacobin.com

Además, la asistencia médica, que era gratuita, fue mal percibida por los trabajadores. El salario del médico lo pagaba la plantación, por lo que los intereses del médico estaban alineados con los de la compañía, y raramente se interesaba realmente por la salud del trabajador.

El salario tampoco era lo que la propaganda prometía. Hasta 1916 era de unos 24 dólares al mes. Pero el coste de vida se estimaba en unos 10 dólares al mes por adulto. Por lo que una familia con 2 hijos necesitaba unos 30 o 40 dólares, así que se puede imaginar que no daba para ahorrar mucho. Aunque algunos sí fueron capaces de ahorrar algunos dólares y en cuanto pudieron, emigraron a California, donde el salario era mucho más alto. Y la voz se fue corriendo. Así, para 1917, los propietarios se vieron en la necesidad de crear unos bonos para intentar retener a los trabajadores. El salario pasó a 40 dólares al mes, pero con truco. El 20% del bono se pagaba a final de cada mes, pero el resto sólo a finales de año, a los que habían permanecido trabajando durante todo el año al menos 20 días por mes.

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Planta azucarera de Hawai en 1890. Foto: http://www.thegardenisland.com

Aun así, la reemigración a California no paró. De hecho, cuando llegó el barco de 1907 ( el segundo que llegó con españoles), ya no quedaban españoles en Hawai, porque los 300 gallegos que llegaron en 1900, ya habían emigrado a California. Y entre 1908 y 1920, según el Departamento de Trabajo de EEUU, fueron admitidos en territorio norteamericano continental, 5.747 españoles, lo que nos da una idea del volumen de reemigración española.

La vida en Hawai

Ya hemos visto cómo era el trabajo en las plantaciones. Pero la vida era igual de difícil. Al llegar a las islas, el 50% de los españoles, ni siquiera sabía leer ni escribir, lo que se traduce en sus hijos, que al entrar en las escuelas hawaianas, habitualmente, lo hacían con un retraso respecto a sus compañeros, incluso, respecto a los niños del resto de emigrantes de otras naciones. Aun así, el paso por las islas fue positivo para ellos puesto que el 100% estuvo al menos 3 años en el colegio, siendo la mayoría que siguió hasta incluso 6 años. 

A nivel religioso, tampoco los emigrantes eran especialmente comprometidos. Lejos de la católica España, la mayoría ni siquiera iba a misa ni practicaba. Aun así, reconocían el credo católico como el verdadero y cuando sus hijos se convirtieron, en algunos casos, al protestantismo más arraigado en las islas, sus padres no les animaron a ello e incluso les persuadieron de no hacerlo.

Familia-española-en-Hawai
Familia española en Hawai. Foto: tracesofspainintheus.org

La integración de los emigrantes fue limitada. La barrera idiomática era importante. Entre ellos hablaban en español, y cuando necesitaban realizar alguna gestión en inglés, debían contratar a un intérprete portugués o puertorriqueño, que cobraba a precio de oro su servicio. Además, dada la distancia, no encontraban ningún producto de su tierra. No había asistencia de ningún cura católico español y la asistencia diplomática era limitada. 

Aun así, el consulado español (que se creó en 1911) trató de ofrecer la ayuda que pudo. Una de las maneras fue la creación de la “Sociedad Española de Socorros Mutuos Victoria Alfonso”, que tuvo mucho éxito y en 1914 contaba con 200 socios, que fueron creciendo con el tiempo y que no sólo prestaba asistencia económica, sino que era un medio de socialización de la colonia española. La asistencia vino también de otras vías como la “Associated Charities” hawaiana, o personas particulares como Mrs. Swanzy o Mr. Newcombe.

Foto-sacada-en-el-picnic-del-Club-Español-de-Rocklin,-California,-1985
Foto sacada en el picnic del Club Español de Rocklin, California, 1985. Foto: spanishimmigrantsintheus7.wordpress.com

Sin embargo, como hemos dicho, la colonia española fue cada vez más exigua. De hecho, aunque al principio los matrimonios fueron entre españoles, cada vez fue más común casarse con portugueses que eran ibéricos también, dado que paulatinamente la mayoría fue emigrando a California (un número mucho menor eligió también otros estados como Nueva York, Washington, Massachusetts, Florida, etc). Para 1950, el episodio de la inmigración española a Hawai ya se podía dar por cerrado. La mayoría había emigrado ya a California y los que se habían quedado, se habían ido casando cada vez más con hawaianos, norteamericanos, etc, y sus raíces españolas estaban cada vez más diluidas.

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