La justicia militar francesa en la Primera Guerra Mundial. El ejemplo de los muertos (I)

La llegada de la guerra en el verano de 1914 fue saludada con entusiasmo,   fervor por la población. La moral estaba más alta que nunca y las movilizaciones eran practicados en medio de concentraciones de civiles  que los saludaban, seguros de una rápida victoria. Poco tiempo después todo cambió. Un tipo de guerra no conocido, unas armas mucho más letales, unas  tácticas desfasadas, unos generales sin ideas y unos soldados sobrepasados por los  combates hicieron que en poco tiempo el entusiasmo decreciera y los titubeos de las  tropas a obedecer órdenes suicidas, fueron respondidas con una justicia militar  extremadamente dura que ejecutó a soldados no por lo que habían hecho, sino para  que sirvieran de ejemplo al resto. Finalizada la guerra, se comenzó a restaurar la  memoria de estos soldados, víctimas de las circunstancias.  

Tiempo de lectura: 10 minutos

Tema controvertido y nada pacífico en Francia, ha ocupado mucho espacio en los actos  del centenario de la Gran Guerra celebrados entre 2014 y 2018. Ha habido que esperar  a enero de 2022 para que 639 soldados ejecutados para dar ejemplo hayan sido  rehabilitados por parte de la Asamblea Nacional Francesa de sus injustas muertes. El  diputado Philippe Gosselin, nieto de un oficial que formó parte de la defensa de algunos  de los soldados fusilados, consiguió que se produjera finalmente este reconocimiento  restableciendo la memoria de los ejecutados. A la ejecución de una pena de muerte  humillante manchando no solo el honor del ejecutado, sino también el de la familia,  socialmente estigmatizados, había que añadir que sus viudas no podrían percibir las  pensiones al no ser considerados Morts pour la France

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Noticia de la rehabilitación de los fusilados “pour l´exemple” en el periódico “La Presse de la Manche”, el  16 de enero de 2022. 

Situémonos en el frente occidental en el verano de 1914, inicio de una guerra que fue  celebrada con alegría por todos y que pronto se tornó una pesadilla. El frente es móvil,  aún no se han desarrollado las trincheras características de la Gran Guerra en el sector.  Los alemanes ejecutan su plan de invasión en el oeste, el Plan Schlieffen, que se basa en  la celeridad de sus avances para envolver y derrotar rápidamente a Francia y poder  trasladar las tropas al frente del este y vencer a su vez a los rusos que previamente  habrían sido simplemente contenidos por los austríacos y escasas y tropas alemanas confiando en su lentitud en la movilización. Por tanto, no hay lugar para los descansos,  poniendo a prueba la resistencia física, la moral de combate, las líneas de comunicación,  y toda la logística necesaria para que el enorme ejército alemán cumpla los plazos  prefijados.

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Plan Schlieffen. Foto: hmcontemporaneo.wordpress.com

Al mismo tiempo, los franceses al mando del General Joffre tienen sus  propias ideas sobre como desarrollar la batalla, el Plan XVII, el cual se basa en el ataque,  la ofensiva a ultranza, las cargas a la bayoneta, puesto que el soldado francés estaba imbuido de élan, un espíritu innato, al parecer, en los soldados de proceder al ataque.  Este concepto ofensivo era compartido por ambos estados mayores, en el que ambos  buscan que se produzca la batalla decisiva, y ya en 1914 dio lugar al inicio de las grandes  matanzas, tan distintivas de la Gran Guerra. Cuando dos ejércitos pretenden llevar la  iniciativa ofensiva, se produce un choque de trenes. Después un largo letargo de paz en  Europa, en el que las experiencias militares habían sido coloniales, contra enemigos con  poca capacidad de fuego, se comprobó la incompetencia de los estados mayores para  poder dirigir ejércitos modernos como nunca se habían visto.

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Tropas francesas en la I Guerra Mundial. Foto: http://www.cienciahistorica.com

Durante la segunda mitad  del siglo XIX la población y la industria habían crecido enormemente al tiempo que la  tecnología militar produjo armas mucho más letales. Se pudo entonces reclutar enormes  ejércitos, en los que el esquema clasista de la sociedad se representaba perfectamente,  que se enfrentaron con una capacidad de fuego muy superior, comandados por  generales que en gran parte tenían más de 60 o 65 años. Así no es de extrañar que solo  en el primer mes y medio Francia tuviera 600000 muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos, producto de ataques a la bayoneta que cubrían los campos de cadáveres  y heridos, y destrozaban los nervios de los combatientes al estar largos períodos bajo el  fuego después de agotadoras marchas y contramarchas a ritmos forzados. Porcentualmente, el 16% de las bajas francesas de toda la guerra, 51 meses, se produjo  en los dos primeros meses. 

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Tropas francesas en 1917. Foto: http://www.sinpermiso.info

Consecuentemente los actos de insubordinación no fueron una excepción entre los que  recibían órdenes de ataque absurdas dadas por estados mayores que estaban a mucha  distancia del frente y a los que llegaban las comunicaciones sobre la realidad del frente tarde, poco y mal. En este sentido los oficiales franceses estaban menos autorizados que  los alemanes a poder actuar con el propio criterio según las circunstancias que se dieran  en el momento. Las prisas alemanas y los combates en Francia, que condicionaban  enormemente a los generales franceses para su rápida reconquista, provocaron unos  combates inusitadamente encarnizados, todavía fuera de las trincheras.

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TRopas francesas cargando durante la batalla de Marne. Foto: es.m.wikipedia.org

El Marne fue la  culminación de este poco más de un mes de violencia desconocida, y resultado final de  lo que fue conocido por los franceses como la Gran Retirada. A pesar que, para Joffre, “París es una expresión geográfica”, su caída hubiera sido prácticamente considerada la  derrota de Francia. Ya antes de la guerra, en 1911, el coronel Grandmaison consideraba  que “En la ofensiva, la temeridad es la política más segura… Las intenciones del enemigo  son de importancia menor porque nosotros queremos imponer nuestra voluntad”, y  Joffre, en las Ordenanzas de 1913: “El ejército francés retomando sus tradiciones en lo  sucesivo sólo reconocerá la ley de la ofensiva… Las batallas son por encima de todo un  combate moral… La derrota es inevitable cuando desaparece la esperanza en la victoria “. Las batallas se tornaron un choque de carneros. 

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Memorial a los fusilados “pour l’exemple”, en Chauny, de F. Thibault. Foto Ara 

Se concentraron todos los ingredientes para conformar unas batallas sangrientas con  armamento y número de soldados del siglo XX libradas con tácticas del XIX (mención  especial merece el uniforme francés y su pantalón rojo en particular visible a mucha  distancia, como ejemplo de anclaje en el siglo XIX y objetos de debates al considerar que  era la representación de Francia). El armamento y tecnología habían evolucionado, pero  no la mentalidad de los estados mayores tanto en lo que concierne a las prácticas sobre  el terreno, como al trato y consideración a sus subordinados. Durante los siguientes cuatro años continuaron con sus ideas de ofensiva frontal, sin conseguir ningún avance,  hasta el punto que la gran batalla que marcó el inicio de la guerra y una de las últimas  en producirse se desarrollaron en el mismo lugar, el Marne, en los veranos de 1914 y 1918, evidencia que el frente fue estático. Llegados a este punto, es preciso considerar  que se ha interpretado como un todo lo que en realidad fue una parte; es decir, el frente  occidental fue el principal, el más intenso y el que consumió más recursos, y se enquistó,  pero el resto de frentes sí tuvieron movilidad, o al menos en términos de la Gran Guerra, muy superiores al occidental.  

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Orden emitida por el ministerio de la guerra, indicando que los soldados que hayan caído prisioneros no  estando heridos deberán ser depurados al ser liberados. Foto Prisme 1418 

La mentalidad de los estados mayores, y especialmente el francés, que es el que en  particular más desarrollaremos, en lo que concierne a sus subordinados, alcanzó su  mayor desprecio, si cabe, con las tropas coloniales. El 21 de agosto en el Sambre, dos  regimientos fueron prácticamente aniquilados. El parte del día recoge como durante la  jornada el portaestandarte de un regimiento colonial “…murió cinco veces”. Sin  embargo, la jornada más negra de la historia militar francesa fue al día siguiente, 22 de  agosto, con 27000 muertos. Joffre no tenía intención de perder nuevamente una guerra  contra Alemania (como en la franco-prusiana de 1870-71 en la que él mismo participó)  y asumir la humillación que comportaría, y no dudó de firmar directrices implacables de  mantenimiento de la disciplina que fueron sin duda acordes a la dureza de los combates durante las primeras semanas.

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Franceses avanzando durante la batalla de Verdún. Foto: http://www.lavanguardia.com

El desconsiderado trato a los soldados por todos los  estados mayores es característica general en toda la guerra, y además de este período  inicial que tratamos aquí, lo muestran algunos ejemplos: en 1916 Falkenhayn programa  la batalla de Verdún con el objetivo de desangrar a Francia; también en 1916, el primer  día del Somme, se hizo el avance con los soldados caminando sobrecargados de peso en  filas, sin protegerse, siendo barridos, con el resultado de ser el día más negro del ejército  británico; cualquiera de las batallas del frente alpino mandado por Cadorna; la ofensiva  en Chemin des Dames de Nivelle, que motivó los motines de 1917, etc, en realidad todas  y cada una de los ofensivas, pero estas nombradas son las más emblemáticas. Y no  podemos olvidar el último día de la guerra, el 11 de noviembre de 1918, cuando hasta  el última minuto se ordenaron ataques a posiciones que minutos después, a las 11 de la  mañana, hora fijada para el armisticio, serían tomadas pacíficamente

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Trinchera francesa en la batalla de Verdún. Foto: http://www.lavanguardia.com

Que las cosas no funcionaban en absoluto en el caótico inicio de la guerra, lo evidencian  la destitución de 37 generales franceses en las 4 primeras semanas. El ejército francés, vestido en 1914 como sus abuelos de 1870, con un comandante que ya había participado  en esa guerra, se vio obligado a practicar una defensa al límite, no ya de una doctrinal ofensiva a ultranza, sino de una improvisada defensa a ultranza. Y que los franceses  resistían, y no mal precisamente, fueron las palabras del ministro de la Guerra  Falkenhayn ante los informes optimistas de Moltke, Jefe del Estado Mayor alemán justo  antes de la Batalla del Marne, sobre la descomposición de los franceses, que les espetó  sus dudas acerca del desarrollo de la guerra al preguntar “…dónde están los prisioneros  de guerra?”. Al inicio de la batalla del Marne, el 6 de septiembre de 1914, la orden escrita  que dictó Joffre no dejaba lugar a dudas, y había que “dejarse matar antes que  retroceder un palmo de terreno”.

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Batalla de Verdún. Foto: mihistoriauniversal.com

Esta directriz es un cheque en blanco para el  mantenimiento de la disciplina por parte de los oficiales y los métodos usados para ello.  El Coronel Lamey comunicó el día antes de morir: “No puede ocultarse el cansancio  extremo, físico y mental, de mis hombres después de un día de fuego continuo sin poder  responder. Los del 137º regimiento llevan 48 horas sin agua. Puedo aguantar esta noche  porque no dudo que esta noche volverán a atacar… Pero un tercer día así será imposible  sin graves repercusiones. Por ahora hemos evitado la desbandada de mis hombres.” No  indica como se había evitado la desbandada de sus hombres, pero no es difícil de  imaginar métodos muy expeditivos in situ. Las desbandadas y los abandonos de puestos  de combate ante el enemigo no fueron nada singular en el verano de 1914, y los castigos  máximos tenían una ejecución implacable de carácter inmediato.

El documentalista  Patrick Cobouat, autor de investigaciones sobre los ejecutados pour l’exemple, nos  indica claramente el origen del opresivo régimen militar que se vivió en los primeros  meses con estas palabras: “En todos los ejércitos aliados, se observa una coherencia  sistemática entre los fracasos de las estructuras de mando y el mayor número de  ejecutados para dar ejemplo”. No cabe duda que los ejércitos francés e italiano están a  la cabeza de fracasos en la guerra. Si debate fue muy intenso en Francia nada más  finalizar la guerra, por diversas asociaciones y la Liga de Derechos Humanos, en cambio,  en Italia, el auge del fascismo imposibilitó que se pudiera desarrollar. El ejército italiano  lidera el triste ranking fue el italiano, comandado por el general Cadorna, que no solo  fue incapaz de lograr ningún avance, sino que lo hizo pagar a sus hombres con una  severa disciplina. Al menos 1100 ejecutados, algunos de unidades diezmadas (uno de  cada diez al azar, como las legiones romanas). Sobre lo acontecido en el frente alpino a  partir de 1915 , el escritor Giuseppe Prezzolini, capitán en el ejército Italiano, plasmó sus  opiniones en lo que debió ser un calco del frente francés:  

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Batalla del Somme. Foto: virginiagasull.com

(…)“Los superiores, que estaban en tercera línea, no se rindieron nunca a la realidad y  mandaban al matadero, contra los cercados intactos, a masas de hombres. La muerte  era segura e inútil. El heroísmo de los inferiores se mezclaba con la imbecilidad de los  superiores y deben datarse en aquella época esas tarjetas austriacas lanzadas entre  nuestras tropas en las que se veían a nuestros soldados con cabeza de león guiados por  generales con cabeza se burro.”(…)  

(…)“En su gran mayoría, parecía que casi todos ignoraban lo que había sucedido en  agosto del 14. (los oficiales)” (…)  

(…)“Por lo demás, las breves ofensivas eran queridas por los jefes, quienes esperaban  promocionar y no buscaban en la guerra otra cosa que hacer su propia carrera.”(…)

(…)“Para que un soldado italiano se rebele tienen que haberse sobrepasado todos los  límites humanos.”(…) 

(…)“La psicología del oficial de carrera, como también siempre la del oficial superior, es  esta: que todo está en la carrera. Fuera de esto, no se ve nada más. No se es un hombre,  se es un militar de carrera.”(…) 

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Uniforme francés en 1916, azul cielo, para que se “camuflara con el horizonte” al atacar. Foto Taringa. 

Por supuesto, los demás contendientes también fusilaron. No se dispone de datos de  Austria-Hungría y Rusia, que sin duda fueron elevados. Tampoco suficientes datos de  Alemania, (solo constan menos de medio centenar) donde los archivos fueron  destruidos en la siguiente guerra. Sí de otros ejércitos, como el británico con 306  fusilados (rehabilitados), estadounidense con 35 fusilados, búlgaro con 600 (solo en el  período de septiembre de 1914 a octubre de 1915).  

Para que no quedara ninguna puerta abierta a poder abandonar el combate, por parte  de los soldados, en noviembre de 1914 el ministerio de la Guerra dicto, a instancias de  Joffre, la orden por la que todos los soldados que hubieran sido hechos prisioneros no  estando heridos, a su liberación serían objeto de investigación a fin de comprobar si  fuera necesario practicarles un Consejo de Guerra y dilucidar si su cautiverio era  motivado por deserción, abandono de puesto, etc.  

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Uniforme francés en 1914, muy visible, y en consecuencia blanco a gran distancia, acorde con la  mentalidad decimonónica. Según el ministro de la Guerra, en 1913, el pantalón rojo “era Francia.” Foto  Quora 

No es difícil ver entre el caos de los primeros días de la guerra, que los soldados muertos  por sus oficiales al retroceder en el combate, debieron ser abundantes. En este sentido,  el general Blanc constata como él mismo disparó al menos a una docena de fugitivos a  los que mató, y el general Bazelaire ejecutó a seis soldados al azar de una compañía que  se negó a cumplir órdenes de ataque. También son conocidos el 23 de septiembre de  1914, como los mandos del 6º Regimiento en Quennevières se opusieron a la fuga de sus tropas pistola en mano. Así es posible creer que se practicaron in situ ejecuciones  que no tuvieron un juicio previo y no fueron registradas como tales.  

La justicia militar francesa se basaba en el código de 1857, reformado en 1875, en el que  en tiempo de paz se conforman los tribunales con 7 miembros, y en tiempo de guerra  con 5, nombrados por el general al mando de la región militar o de la unidad. En agosto  de 1914 el gobierno francés autoriza la constitución de tribunales sin instrucción previa,  en 24 horas, que no exista posibilidad de apelación a la sentencia, y la inmediata  aplicación de la pena, siendo el oficial que había ordenado el inicio del proceso el único  habilitado para solicitar gracia o conmutación al jefe del Estado; al mismo tiempo se  redujo el número de jueces a tres con el inicio de la batalla del Marne, cuando se  constituyeron los consejos especiales.

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Franceses avanzando a caballo. Foto: http://www.unprofesor.com

El modelo de guerra que se desarrolló,  desconocido por su crueldad, encontró en la represión de sus propias tropas una manera  de mantener el orden y la disciplina y desahogar la frustración de los fracasos . El propio  miedo al castigo sin piedad y su rapidez en la ejecución se intentó sirviera de revulsivo. No es hasta finales de 1915 que se suprimen los consejos de guerra especiales, a  principios de 1916 se atenúan las severas normativas militares, y desde junio la  inmediatez de la ejecución se torna excepcional (si bien en los motines de 1917 no se  concedió el derecho a apelación de los condenados, por iniciativa de Petain). La absoluta  falta de garantías procesales denunciada por algunos políticos y letrados, y algunos  casos especialmente relevantes, condujeron con su difusión a esta reducción de la  severidad en la justicia militar.

La mala imagen que tenían los reservistas ( a los que no  consideraban suficientemente comprometidos) por parte de los generales franceses se  ve reflejada también por las impresiones del general Ebener, del 35º Cuerpo de Ejército,  que lamenta la importancia de los oficiales de reserva en los tribunales por su actitud  benévola, en consonancia con lo dictado por el general Maunoury, al mando del 6º  Ejército, que ordena la composición de los tribunales con oficiales en activo, más  cercanos a la disciplina, dado que observa que los consejos de guerra habían tenido “una  indulgencia excesiva” opinando que existe “falta de carácter por parte de los jueces” y  que es necesaria la reorganización de los tribunales y “eliminar a los jueces que no harían  mostrar firmeza”.

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Batalla de Verdún. Foto: curiosfera-historia.com

La presión que recibían los tribunales no era poca, y no formaban más  que parte del engranaje del sistema, convirtiendo los consejos de guerra en puro trámite  con las condenas acordadas desde la superioridad, tribunales que cuanto más se  alejaban del estado mayor, menos garantías procesales tenían. No fueron pocos los  delitos agravados al considerar el concepto “frente al enemigo” de forma muy amplia,  pudiendo estar a mucha distancia del mismo y no bajo su fuego, con lo que numerosos delitos menos graves pasaban a castigarse directamente con la pena de muerte. El  general Maunoury ordenó considerar que el abandono de puesto frente al enemigo se  ampliase también al territorio en estado de guerra. Y dada la rapidez en la que todo se  desarrollaba desde la presunta comisión de la falta hasta la ejecución, cualquier tipo de  garantía procesal era nula. En el caso de las supuestas mutilaciones voluntarias, las  mismas en ocasiones eran cuestionadas por los médicos, dudando del motivo que las  causó, problema que era resuelto por la rápida instrucción y ejecución de la pena.

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Los acontecimientos que se produjeron al inicio de la guerra no eran satisfactorios para  el Estado Mayor francés. Los soldados fueron sometidos al límite de sus fuerzas no solo  por el desarrollo objetivo de la guerra, con todas sus carencias, mal  alimentados, bajo fuego enemigo y a merced de los elementos  climáticos, obedeciendo órdenes disparatadas, sino también  por los castigos inclementes que alcanzaron su cima con los ejecutados pour l’exemple,  ejemplo máximo de la insensibilidad que  manifestaban con sus subordinados a los que consideraron meros instrumentos para  sus méritos y ascensos. El resultado fue que los generales descargaron su ira sobre los  soldados a los que responsabilizaron de los fracasos, y para ejemplarizar, fusilaron a  cientos de ellos.  

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