Los Celtas, su mundo encantado más allá de las guerras

La enigmática historia de los pueblos celtas está llena de grandes misterios. Estos guerreros analfabetos de la Edad del Hierro, a los que los romanos llamaron bárbaros, nos legaron un mágico mundo religioso cargado de emocionantes leyendas, hadas, gnomos y cientos de dioses.

Tiempo de lectura: 5 minutos

Si queremos conocer sobre el fascinante mundo celta es vital adentrarnos en su cultura, mitos y leyendas. Su hermosa y épica música unida a sus prácticas  religiosas, que más allá de ser una conexión con el mundo mágico eran la columna vertebral de dichos pueblos, son  características fascinantes que han ayudado a comprender mejor su modo de vida y sus costumbres.

Los celtas tienen su origen en la zona de Hallstatt, en Austria, alrededor del rio Danubio, extendiéndose a los territorios hoy conocidos como Francia, Rumania, Península Ibérica, Bohemia, Eslovaquia y Reino Unido. La mayor parte de lo que nos ha llegado de su historia es gracias a sus vínculos beligerantes con los romanos quienes legaron testimonios de estos pueblos que no conocían la escritura.

Arbol de la vida.

Su mundo religioso viajaba entre el mito y la realidad y era guiado por los druidas (palabra que parece significar “conocedor del roble”), sacerdotes que también llegaron a tener participación en su incipiente y desorganizada política debido a sus grandes conocimientos, incluso brindaban apoyo espiritual a los guerreros, viajando con ellos hasta el campo de batalla.

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Una de sus prácticas religiosas era el animismo, consideraban que todos los elementos de la naturaleza tenián alma, ofrecían a ella hermosos cantos para invocar sus dones y era notorio su culto al agua y la importancia especial que daban a la luna. Los sacrificios humanos y los botines ofrecidos a los dioses, de los que existen evidencias arqueológicas, eran unas de sus actividades más comunes.

Al ser expertos artesanos llevaban a cabo la elaboración de amuletos entre los que destacan el árbol de la vida, el nudo celta, la cruz y el Triskel, este último de gran importancia ya que representaba el número tres (número sagrado de los celtas), símbolo de la perfección y el equilibrio.

Cernunnos, dios de la fertilidad

En su larga lista de dioses podemos identificar a Cernunnos, el dios de la cornamenta y Señor de las Bestias, cuyos cuernos lo asociaban como dios de la fertilidad. También destacan Sucellos, dios de la agricultura, Taranis, dios del trueno y las divinidades triples haciendo referencia una vez más al numero tres. Al igual que otras tradiciones de la época creían en las hadas, seres misteriosos que  vivian en lugares mágicos en forma de montículos, las cuales podían ser buenas o malvadas, otros personajes de su mitologìa eran lo gnomos y los goblins que se cree surgieron a partir de mezclas con otras tradiciones.

Armas celtas decoradas

Otra de sus actividades más comunes eran las poesías orales y la decoración artesanal de espadas y armas, haciendo uso de su conocimiento de la orfebrería con fines bélicos, ornamentales y religiosos.

Aunque de estos pueblos tribales y seminómadas no tenemos certeza de su verdadero estilo de vida debido a la falta de fuentes escritas, no podemos dejar de maravillarnos por su impresionante conocimiento del arte, su gran expansión territorial y su diversidad lingüística, aspectos que unidos a su mitología y religión los hacen imprescindibles para el estudio de los pueblos bárbaros.

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Emparedadas: encerradas de por vida entre muros

A lo largo de la historia existió la cruel costumbre conocida como “emparedamiento” o “voto de tinieblas”. Esta acción de encerrar a una persona entre cuatro paredes se realizaba a modo de castigo, pero a partir de la Edad Media, esta práctica pasó a convertirse en voluntaria en algunos casos, como forma de acercarse a Dios a través de la oración y la penitencia. Estas personas se encerraban por el resto de su vida en pequeñas celdas. Eran conocidas como Emparedadas o Muradas.

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